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Poesía para seguir viviendo: ``Escribir viviendo en el intento´´

 No tengo claro a qué edad empecé a escribir poesía. Probablemente el momento clave fuese cuando a los diez años, Joaquín Benito de Lucas, en la primera lectura de poemas en la que participé, me dijo que esperaba que algún día nos juntásemos a leer poesía compuesta por mí. Por desgracia, ya es demasiado tarde para compartir ese placer con él.  Sí que tengo claro, sin embargo, que la poesía me ha acompañado a lo largo de toda mi vida, desde que mi madre empezase a enseñarme a leer en su desvencijado ejemplar de ``Campos de Castilla´´, de Antonio Machado. Primero como lectora, encontrando siempre en la poesía respuesta a mis adolescentes preguntas, refugio en las tempestades que me asolaban de cuando en cuando, consuelo a las tristezas que devoraban mi alma, y cómo no, libertad en los paisajes descritos en las páginas de los libros que caían en mis manos. Después, como escritora, la poesía ha sido el canal que me ha permitido profundizar en mí misma, dando rienda suelta a los se...

Atardecer de verano

Las golondrinas han dejado paso a los murciélagos en su tarea de limpiar el aire de mosquitos. El sol colorea levemente el horizonte, dejando el cielo surcado de nubes plomizas y añil, y el silencio es roto tan sólo por los ladridos de los perros de las parcelas. Mis pies susurran sobre la tierra del camino mientras Zarza jadea y olfatea un campo cercano, alterando el descanso de insectos y aves. No queda nadie, salvo algunos rezagados recogiéndose de sus parcelas en grandes coches , resignados a la vuelta a las labores del lunes que se acerca.  "No vayas por el camino, que va a oscurecer en breves y ya no queda nadie".  "Pues mejor", me digo, "donde nadie hay, nadie puede amenazarme".

Una década más.

Tal vez sea demasiado pronto aún para decirlo, pero puede que esta haya sido la década más turbulenta de mi vida. Mañana cumplo 30 años y de acuerdo, tengo aún toda la vida por delante, nunca se sabe con qué le puede sorprender a una la vida, pero quizás sea esa la primera enseñanza que deba agradecer cuando mañana sople las velas: la vida puede cambiarte de un momento a otro, sin buscarlo ni esperarlo, normalmente más para mal que para bien. Y es que en esta década he llorado, me he frustrado, me he sobrecargado y he perdido (he perdido lo indecible, lo incontable), pero también he ganado mucho, especialmente aprendizaje; he aprendido a determinar qué es lo que quiero, pero sobretodo qué es lo que no quiero. He aprendido que para morirse sólo hace falta estar vivo y que no tiene sentido vivir con miedo, lo cuál no quiere decir que no se deba obrar con cierta prudencia. He aprendido también que debemos buscar los buenos momentos, pues los malos vienen solos, sin necesidad de que nadie ...